Cuando pruebas el sabor de crear sin restricciones, no hay vuelta atrás.

Foto por Amauri Mejía en Unsplash

Cuando se posee un talento evidente en un área de la vida, inmediatamente vienen en manadas personas a querer aprovechar ese talento. No los culpo, es ley de vida. Funciona como el pan caliente, como el dulce en la puerta de la escuela: todo el mundo lo quiere.

Pero: ¿Por qué tenemos un talento ¿Quién nos da ese talento?

Quiero creer que Dios, por ponerle algún nombre, nos da un talento con el cual nacemos o en algún momento desarrollamos. Todo el mundo tiene uno. Y quiero creer que nos lo da para que sigamos nuestras propias ideas y valores, y apliquemos ese talento en función de hacer realidad alguna visión ante la vida.

Por muchos años he dejado que demasiada gente use mi talento en tecnología, emprendimiento y creatividad en función de ideas ajenas. Eso me ha traído demasiados problemas, aun cuando algunas de esas ideas me han encantado (o no) al principio.

Esta fue una idea original de en aquellos tiempos, mi amigo y luego socio, con el cual cofundé esta empresa. Pero a esa idea le puse muchísimo por encima, mucho de quién soy y lo que quiero lograr en la vida. Llegó un punto en que se convirtió también en mi idea. Era un ideal compartido. Y estuvo bien durante un tiempo.

Pero no fue mi idea original, no fue algo que yo creé y sobre lo cual tuviera total autonomía.

Eventualmente tuvimos problemas personales mi socio y yo, y decidí salirme.

Resultado: un año de trabajo, tirado a la basura.

Antes de ese emprendimiento, fundé con otros colegas un equipo de desarrollo de software. Más bien, ellos me invitaron a dirigir un proyecto del cual tenían ya un cliente captado. Pero realmente nunca me interesó el proyecto, no me apasionaba. Se estaba ejecutando solo por dinero, por mucho dinero, era lo único que me movía en aquellos tiempos.

Eventualmente tuvimos problemas personales, y decidí salirme. Era demasiada mediocridad, demasiado mal ejecutado todo. No podían ni siquiera subir su código fuente de forma responsable y respetable al control de versiones. No eran capaces de seguir simples indicaciones de un líder de proyecto. Tampoco respetaban los más elementales estándares y buenas prácticas de la industria del software. Se trabajaba, como decimos los cubanos: “al berro”.

Ellos fueron los que me buscaron, y perdí mi tiempo en la mediocridad. La mejor decisión fue salirme.

Esta fue una empresa que también cofundé, con un socio extranjero, que considero como una excelente persona. Pero era su idea, y tampoco me apasionaba demasiado. Fue un proyecto que tomé porque había un mercado enorme en Europa y miles de clientes dispuestos a pagar por el producto que estábamos creando.

No tenía autonomía para tomar decisiones, y mi socio y cofundador era el principal decisor, por tener más experiencia en el sector del comercio electrónico.

Eventualmente el proyecto se volvió inviable y también decidí renunciar.

Así puedo poner varios ejemplos adicionales, pero creo que se capta la idea. Esta es una historia muy personal: en mi caso específico, es evidente que no sirvo para trabajar para ideas de otros, no me ha funcionado nunca. Y tampoco sirvo para trabajar en ambientes mediocres.

Me he sentido fuera de lugar la vida entera en mi país, en Cuba. He trabajado en algunos de los lugares más codiciados de la industria de software (si es que podemos decir que en Cuba hay de eso, que no lo hay), he recibido jugosos salarios en mi época de empleado y también me han funcionado algunos negocios en mi etapa de emprendedor.

Pero me sentía como el pez fuera del agua.

Me faltaba algo: crear algo propio. Desarrollar ideas propias, nacidas de mí mismo, llevarlas a cabo y verlas triunfar o fracasar.

Ahí es donde vienen las siguientes:

Una simple plataforma de podcasting de nicho, más específicamente el de los pódcasts producidos por cubanos. Ha sido una plataforma que ha tenido éxitos y fracasos, pero que ha cumplido un papel social, ayudando a cubanos a acceder a información por medio del formato de pódcast. Pudimos crear una familia y unir a un movimiento. La marca penetró en el alma del país, la gente se enamoró del proyecto. Hicimos crowdfundings y la comunidad apoyó con mucho gusto. Incluso llevamos meses monetizando, no generando demasiados ingresos, pero algo da.

Luego vinieron los peores meses de la crisis humanitaria y política más grande de la historia de Cuba y hemos tenido que reducir muchas de nuestras actividades, por falta de financiamiento.

Pero ha sido un proyecto de crecimiento y de mucho aprendizaje. Y ha sido un privilegio no tener que pedirle permiso a nadie para tomar una decisión y aprender de mis errores y aciertos.

Un sencillo bot de Telegram para reenviar mensajes, con más de 5k usuarios y 1.3M de mensajes reenviados. La idea fue de un miembro de mi comunidad en Telegram, pero pude ejecutarla sin tener que contar con nadie para tomar decisiones.

Resultado: uno de los mejores bots de su tipo, dicho por los propios usuarios. Tengo un plan para desarrollarlo a largo plazo y competir con los que ya están posicionados.

La lancé hace unos pocos días y ya tiene casi 300 usuarios, más de 30 clientes que han pagado y un tráfico que supera ahora mismo los 13 GB transferidos. Eso en menos de una semana funcionando.

Lo mismo: fue mi idea y la ejecuté sin contar con nadie, sin tener a nadie encima diciéndome lo que tengo que hacer.

Podría hablar de otros muchos proyectos, pero no quiero agobiar a quien sea que lea esta historia.

En resumen, cada persona tiene una misión en la vida, y respeto al que trabaje para hacer realidad los sueños de otro, es también necesario que existan personas cuya misión sea materializar otras misiones. Pero mi descubrimiento en el camino de madurar al crear startups es el siguiente: no estoy hecho para hacer realidad las ideas de otro, nací para crear mis propias empresas.

Mi descubrimiento es entender, de una vez y por todas, que no vale la pena decir que sí a cada propuesta de nuevo proyecto que aparece, a cada persona que quiere que le cree un bot o una plataforma, o a cualquier socio millonario que necesita un cubano talentoso para hacer realidad una idea.

Llevo meses rechazando ofertas de empleo, ofertas de dueños de empresas enormes para unirme, o para crear algo nuevo.

Estoy cansado de parar de hacer lo que sea que estoy haciendo, para regalarle mi tiempo y energía al sueño de otro.

No, no quiero crear algo que no sea mío y que pueda poner en las manos de los demás, con el mayor amor del mundo. Una vez que pruebas el delicioso sabor de crear sin restricciones, no hay vuelta atrás. Ser emprendedor es una enfermedad crónica e irreversible, creo que nunca podré ser el mismo.

Prefiero crear y fracasar, y también crear y tener éxito. Lo prefiero antes que tener una vida segura persiguiendo el dinero. El dinero no es más que la consecuencia de hacer bien las cosas. El dinero no es jamás el objetivo, el objetivo es ayudar a los demás.

#SigueCreando

Creador de startups. Comunicador, podcáster, escritor y criptoentusiasta. Enseño lo que aprendo en el camino y ayudo a otros a crecer. 🚀

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